Tráfico denso, atascos repentinos o la presencia de conductores nerviosos aumentan la probabilidad de frenazos que, para los humanos quizá no tengan consecuencias, pero para los animales que nos acompañan en el vehículo, si no están sujetos correctamente, puede desembocar en lesiones leves o graves en zonas como cabeza, el cuello, el pecho y el abdomen, en función de la gravedad del impacto