Especialistas en enfermedades emergentes defienden la utilidad de las medidas de prevención y la mejora de la vigilancia epidemiológica

Sanidad y Bienestar Animal que promueve la OCV en Valencia, centrada en enfermedades emergentes y sanidad animal, coincidieron a la hora de defender las medidas de prevención, como la vacunación ante las mismas y las acciones de bioseguridad en las explotaciones, además de reforzar la vigilancia epidemiológica y la puesta en común de datos e información entre diferentes colectivos para lograr un control más efectivo.

La inauguración del evento, en la sede del Ateneo Mercantil, contó con la presencia de Inmaculada Ibor, presidenta del Colegio de Valencia, quien dio la bienvenida a los congresistas y destacó el compromiso de la ciudad con el bienestar animal, y de Gonzalo Moreno, presidente de la OCV, quien se refirió a la veterinaria como “profesión necesaria, no accesoria, dentro de una red de prevención y protección colectiva en el modelo Una Sola Salud”.

Por su parte, Emilio García Muro, director general de Sanidad de la Producción Agroalimentaria y Bienestar Animal del Ministerio de Agricultura, incidió en la conveniencia de preparar a los profesionales para afrontar retos sanitarios que ya forman parte del presente, “pues ya están presentes en nuestro entorno enfermedades que solo veíamos al estudiar la carrera. Hay que estar preparados ante esta nueva realidad en todos los ámbitos de la veterinaria.

Miguel Barrachina Ros, consejero de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Generalitat, definió a los veterinarios como “un colectivo eficaz y competente”, que debe desempeñar una labor fundamental al lado de los ganaderos en un modelo de gestión del territorio “que apueste por la explotación extensiva de diferentes especies, la herramienta clave para evitar incendios y vertebrar nuestro medio rural”.

Dentro del bloque de “Enfermedades emergentes, sanidad animal y salud pública”, presentado por Joaquín Sopena, intervino en primer lugar Daniel Calvo Barriga, profesor de Parasitología en la Universidad de Córdoba, para abordar la relevancia de los vectores. Tras analizar el papel de los mismos en el virus del Nilo, la leishmaniosis o la dermatosis nodular, se mostró partidario de aumentar la cooperación intersectorial con todos los agentes: ayuntamientos, hospitales, universidades, sector primario, centros de investigación, servicios de control de plagas...

Cristina Muños Madero, de la AESAN, reflexionó sobre los vacíos terapéuticos existentes para enfrentarse a estas enfermedades, recordando que el desarrollo de los fármacos “es un ciclo largo que requiere ensayos clínicos, dentro de unos márgenes de seguridad y eficacia, para que lo comprobado en el laboratorio se traslade a la vida real. Y siempre dentro del balance beneficio/riesgo”.

Fiebre Q en pequeños rumiantes

La tercera ponencia, a cargo de Ángel Gómez Martín, investigador Ramón y Cajal en la Universidad CEU Cardenal Herrera, expuso los resultados de sus estudios sobre la fiebre Q en pequeños rumiantes, y su relación con la microbiota. Así, incidió en la utilidad de la vacunación anual de la totalidad del rebaño, incluidos los sementales, y en la puesta en marcha de medidas de bioseguridad tan básicas como la limpieza de comederos y camas, “aun cuando cada brote resulta diferente”.

La sesión vespertina concluyó con una mesa redonda dedicada al avance de las enfermedades emergentes y a los medios precisos paran lograr su control, moderada por Christian de la Fe, catedrático de Sanidad Animal de la Universidad de Murcia. En primer lugar intervino José Luis Sáez, subdirector de Trazabilidad e Higiene Animal del Ministerio de Agricultura, que efectuó un prolijo repaso por las más recientes: fiebre aftosa, fiebre del Valle del Rift, peste de pequeños rumiantes, viruela ovina y caprina, influenza aviar de alta patogenicidad, dermatosis nodular y enfermedad de Newcastle, entre otras.

Así, justificó las medidas de prohibición de salida al exterior durante varios meses tanto en explotaciones avícolas como en gallineros particulares para frenar la expansión, y señaló las dificultades que entraña fijar los perímetros de contención al núcleo de PPA detectado en las proximidades de Barcelona, “al tratarse de una zona semiurbana donde no es posible la caza, sino el trampeo, y donde aún no sabemos el origen exacto. Estamos sin duda ante un reto enorme”.

Por su parte, Beatriz Rodríguez, veterinaria y médico de urgencias en el hospital Infanta Leonor de Madrid, relató cómo se trató en el centro el primer caso de Crimea-Congo en 2016, ponderó la importancia de la detección temprana y puso especial énfasis en considerar el cambio climático “una urgencia sanitaria por sus efectos”. Además, explicó que la Sociedad Española de Emergencias (SEMES), de la que forma parte, viene insistiendo en la necesidad de mejorar la divulgación entre la población y la coordinación entre sanitarios, “para lo que resulta vital compartir informaciones y datos”.

Por último, Pedro Javier Vallejo, veterinario clínico de campo que ejerce en Murcia, puso en valor el papel de estos profesionales que trabajan con animales de producción “como primera barrera cortafuegos cuando surgen focos, dentro del proceso de vigilancia epidemiológica”. Relató asimismo las medidas puestas en práctica al detectarse el serotipo 3 de lengua azul en una de las granjas de vacuno que atiende, que conllevó abortos y congestión del aparato respiratorio, y destacó la concienciación creciente de los ganaderos respecto a los principios del bienestar animal, “porque son conscientes de que conlleva un retorno económico”.