Veterinarios, de la vocación al abandono por estrés: radiografía de una profesión bajo presión

 

Los profesionales del sector veterinario, que este sábado 25 de abril celebran su día mundial, están en una situación límite. Cambios en la normativa, sobrecarga burocrática, la carga de trabajo, o las horas excesivas, según denuncian los propios profesionales, está afectando a su bienestar. Así lo confirma el último estudio realizado sobre salud laboral en el trabajo veterinario elaborada por expertos del sector de la UNED y la Universidad de León, en colaboración con Boehringer Ingelheim y cuyos resultados evidencian el agravamiento del problema estructural de estrés y desgaste emocional que ya sufrían los veterinarios españoles.

A este estrés implícito, la normativa añade una carga administrativa, comenta la veterinaria y psicóloga Lorena Millán, una de las responsables del estudio. La percepción es compartida por todo el sector. “Es como si tienes un embalse a punto de desbordarse y cae una tormenta”, comenta Millán. Todo ello, como bien explica, en una profesión que ya tiene una doble exigencia emocional. Por un lado, cuidar del propio animal enfermo y, al mismo tiempo, acompañar a los responsables de los animales en situaciones de salud que muchas veces son muy complejas.

El estrés, un problema que afecta a prácticamente todos los veterinarios

 

Precisamente, para medir de qué forma esta presión creciente estaba afectando al colectivo, el Departamento de Psicología Social de la Organización de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), en colaboración con Boehringer Ingelheim, impulsó en 2024 el mayor estudio sobre salud mental en veterinarios en España, en el que participaron más de 1.200 profesionales.

Un año después, dicho estudio tuvo continuidad con una encuesta realizada a más de 700 veterinarios y llevada a cabo por Amparo Osca y Jesús Barrado, de la UNED, y por Lorena Millán, de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de León. En este caso, se centró especialmente en veterinarios de pequeños animales.

 

Los resultados de esta segunda fase confirman que el problema está lejos de solucionarse. Más del 80% de los veterinarios en España reconoce sufrir agotamiento mental. “Hay una situación de estrés crónico en la profesión veterinaria”, asegura Millán. “Un alto porcentaje de los profesionales tiene alguna manifestación física, psicológica o conductual asociada a este estrés”, continúa.

Las respuestas de las personas entrevistadas dibujan una situación preocupante. El 97,6% apunta a la carga de trabajo como principal factor de desgaste, el 91,7% a las horas excesivas, el 92,5% a los conflictos con clientes por cuestiones económicas y un 98,6% al peso de la burocracia. A ello se suma un dato especialmente llamativo: el 90,7% de los profesionales siente falta de reconocimiento social.

 

Además, el impacto específico de la nueva normativa es innegable. El 97,9% percibe una pérdida de autonomía profesional, el 97,4% un mayor control sobre su trabajo y el 97,2% reconoce que el miedo a sanciones económicas es un nuevo foco de ansiedad.

Un desgaste generalizado

 

Este deterioro también tiene una dimensión emocional que forma parte de la realidad de la profesión. Bien lo sabe Anabel Estévez, veterinaria de animales de compañía. “Cuando acompañas a un animal desde que es cachorro, lo ves crecer, formar parte de la vida de su familia y estás también ahí en sus últimos momentos”, describe. Evidentemente, confiesa, “eso te marca”. Y ese componente tan emocional genera asimismo una relación con los propios cuidadores que “puede llegar a ser muy compleja en los momentos difíciles”, comenta.

Ahora bien, dicha presión no es exclusiva de las clínicas que se centran en las mascotas. En el ámbito rural y de producción ganadera, la situación tiene sus propios matices. Lo explica Guillem Valero, veterinario de animales grandes: “El día a día en el ámbito rural es muy dinámico y, en ciertos momentos, especialmente exigente”, existiendo una complejidad añadida cuando se trabaja con distintas especies “y bajo estrictos protocolos sanitarios y de bioseguridad”, afirma.

Y a medida que el desgaste se extiende, también lo hace su impacto. Si en 2024 los indicadores más preocupantes se concentraban en mujeres, jóvenes y profesionales autónomos, ahora el deterioro del bienestar psicológico se extiende a todo el colectivo. 

“Muchos profesionales no eran conscientes de que les afectaba físicamente hasta que se les preguntaba directamente”, señala Lorena Millán. Dolores de cabeza, problemas gastrointestinales o ataques de pánico forman parte de la realidad de los profesionales a los que afecta la excesiva presión administrativa y emocional.

En la producción ganadera, además, la ansiedad tiene componentes específicos. “Las principales fuentes de estrés vienen por la posición intermedia que ocupa el veterinario”, explica Valero, quien detalla que deben responder simultáneamente a los intereses de la empresa y a las demandas de los ganaderos, actuando incluso como mediadores en cuestiones económicas. A ello se suma la responsabilidad directa sobre el bienestar animal y el riesgo de sanciones administrativas.

La necesidad de cambios estructurales

 

¿Qué se puede hacer para evitar llegar a estas situaciones límites? La conciliación es, sin duda, uno de los grandes retos. Porque hoy, las jornadas interminables, las guardias no remuneradas y la imposibilidad de desconectar hacen que el equilibrio entre vida personal y profesional sea, en muchos casos, inalcanzable. “Los veterinarios, en general, no son capaces de cerrar la puerta de la clínica o de la granja y decir aquí queda todo.”, señala Millán.

Y las consecuencias de todo ello ya son muy visibles. No en vano, más del 65% de los veterinarios encuestados afirma haber pensado en cambiar de trabajo recientemente. Y esto no es un simple porcentaje. Hay historias concretas, como la de la propia Anabel, que terminó abandonando la profesión. El estrés del día a día, la cantidad de papeleo y el miedo a ser sancionada por prescribir lo que consideraba adecuado le hizo dar el paso. “Cuando tu vocación empieza a costarte tu salud, no es dar un paso atrás, es dar un paso adelante”, nos dice.

 

El problema, coinciden los expertos, no puede seguir abordándose únicamente desde la vocación. La falta de reconocimiento social, los salarios bajos y una legislación alejada de la realidad diaria contribuyen a un desgaste que se acumula. A ello se suma una percepción social distorsionada: “La gente tiene una visión idealizada de la profesión”, reflexiona Lorena Millán. “Muchos hemos acabado necesitando ayuda psicológica para poder gestionar el desgaste emocional y la presión constante”, reconoce.

Frente a este escenario, las soluciones pasan por cambios estructurales entre los que se encuentran una mejor remuneración, el reconocimiento como sanitarios de primer orden, la reducción de la carga burocrática, la puesta en marcha de campañas para que la ciudadanía entienda la importancia de su trabajo o el apoyo psicológico constante y directo a los veterinarios. También, por una mayor conexión entre legisladores y profesionales. “La ley ha destapado una distancia kilométrica entre el legislador y el día a día de la profesión”, resalta Millán.

Los datos son contundentes y el diagnóstico está hecho. Ahora, como advierten los propios investigadores, el reto es pasar a la acción y ofrecer respuestas a unos profesionales que sostienen una vocación cada vez más difícil de ejercer y que resulta esencial para cualquier sociedad. 

 

Esta iniciativa forma parte del compromiso de Boehringer Ingelheim para poner en valor el rol de los veterinarios y visibilizar la situación real del colectivo. Un objetivo para el que trabaja activamente y lo hace en colaboración con los principales actores del sector como la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (AVEPA), la Asociación Madrileña de Veterinarios de Animales de Compañía (AMVAC), la Asociación Nacional de Porcinocultura Científica (ANAPORC) y la Asociación Nacional de Especialistas en Medicina Bovina de España (ANEMBE).

 

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