Consejos para que la profesión veterinaria no sufra tanto burnout
Por Sofía García, veterinaria dedicada a la oncología en Citopet
El abandono de la profesión veterinaria y el desgaste emocional que vivimos muchos profesionales del sector se han convertido en un tema cada vez más presente dentro del debate veterinario. Jornadas interminables, guardias, urgencias y una enorme dificultad para conciliar la vida personal forman parte de una realidad que, durante demasiado tiempo, hemos normalizado.
En España, esta situación empieza a notarse también en las clínicas: falta de personal, equipos saturados y un aumento claro del estrés entre quienes seguimos trabajando de ello. Y no es una percepción aislada.

Distintos estudios del sector señalan que más del 80% de los veterinarios presenta síntomas de burnout, y que entre un 30% y un 50% se ha planteado abandonar la profesión en algún momento de su carrera. Además, una parte relevante termina dejando la clínica en los primeros años, no porque no les guste la veterinaria, sino porque no pueden sostener el ritmo de vida que implica.
Cada vez más compañeros reconocen sentirse desbordados por la carga de trabajo y por unas condiciones que hacen muy difícil sostener una carrera a largo plazo.
Cuestión de mentalidad
Desde mi punto de vista, el problema no es solo estructural. Si no que también es una cuestión de mentalidad dentro de la propia profesión. Por eso, me gustaría compartir con todos los profesionales veterinarios 5 consejos que he ido aprendiendo con los años, y que son más una cuestión de actitud y decisiones personales.
1. Cuestionar las condiciones laborales
Durante años hemos asumido que ser veterinario implica aceptar determinadas condiciones: jornadas muy largas, disponibilidad casi permanente y una vida personal relegada a un segundo plano, pues quizá ha llegado el momento de cuestionar esas condiciones.
Porque muchas veces hablamos del abandono de la profesión como si fuera un problema de vocación, pero la realidad es que la mayoría de los veterinarios no dejan de serlo porque no les guste la medicina veterinaria, si no que la dejan porque no les gusta la vida que tienen como veterinarios.
2. Replantear el modelo de profesión
La presión se hace especialmente evidente en áreas como las urgencias veterinarias, donde muchos profesionales jóvenes empiezan su carrera.
Turnos nocturnos, situaciones críticas y decisiones constantes bajo presión convierten este entorno en uno de los más exigentes de la clínica, y sin embargo, también es uno de los aprendizajes que más te hace crecer.
En un año haciendo urgencias puedes aprender tanto como en varios años de trabajo más rutinario. Por eso, el problema no es que la profesión tenga retos, sino cómo está organizada.
Si queremos que la veterinaria sea sostenible, necesitamos replantear el modelo.
3. Construir una carrera más sostenible
En los últimos meses he podido comprobar hasta qué punto el hecho de que la veterinaria sea una profesión tan exigente preocupa a muchos compañeros a raíz de un evento presencial que organizamos desde Citopet.
El él no hablábamos de medicina veterinaria. Hablábamos de algo que casi nunca se enseña: cómo construir una carrera profesional sostenible.
Uno de los puntos clave fue trabajar con una psicóloga aspectos relacionados con la mentalidad y el autocuidado, porque muchas veces estamos tan centrados en nuestros pacientes que dejamos completamente de lado nuestras propias necesidades.
4. Entender que no estás solo
Pero en este evento hubo algo aún más importante, y eso fue la comunidad.
La veterinaria es, en muchos casos, una profesión solitaria. Normalmente nos encontramos cada uno en su clínica, con una carga alta de trabajo, y tomando decisiones constantemente. Y cuando te juntas con otros profesionales y empiezas a hablar, descubres que no eres el único que se siente así.
He visto veterinarios que llevaban años sin cogerse vacaciones. Otros que no se atrevían a reorganizar horarios o contratar ayuda por miedo a que no salieran las cuentas. Pero muchas veces basta con ver que otros lo han hecho para empezar a plantearte que quizá tú también puedes cambiar cosas.
A mi me funciona muy bien márcame un horario, compensar los días más largos -porque todos los tenemos- y tomarme un día libre. También me ayuda hacer ejercicio, dormir mis horas… porque cuando no se está fresco no se trabaja igual, no se toman las mismas decisiones, no se piensa igual… y todo eso es muy importante, tanto para ti, como para tus pacientes.
5. Colaborar con una red de veterinarios
A menudo centramos el debate en factores externos, como el IVA veterinario o la presión económica. Y sí, influyen, pero incluso si mañana desaparecieran, muchos de los problemas seguirían ahí. Porque también es una cuestión de cómo entendemos nuestra profesión.
En este sentido, la especialización y el trabajo en red con otros profesionales pueden ser parte de la solución. La medicina veterinaria es cada vez más compleja, y pretender abarcarlo todo de forma individual no es realista.
Igual que en medicina humana, colaborar con otros profesionales permite ofrecer una mejor atención al paciente y repartir mejor la carga de trabajo. Esto lo hemos constatado después de llevar dos años realizando eventos presenciales con veterinarios, en los que se ha forjado esta comunidad que ayuda a que los veterinarios se sientan mejor con su profesión.
Así pues, necesitamos empezar a imaginar una veterinaria diferente. Una profesión que siga siendo exigente, pero que también permita tener una vida equilibrada.
Porque los datos ya lo están diciendo: no estamos perdiendo veterinarios porque falte vocación, estamos perdiendo veterinarios porque las condiciones de trabajo hacen muy difícil quedarse. Y eso, más que un problema individual, es un problema de toda la profesión.