Ansiedad o depresión: problemas de raíz para los veterinarios desde el aula hasta la práctica profesional

 

Comunicar malas noticias o lidiar con la muerte de un paciente forma parte del trabajo de los veterinarios de clínica. La falta de conciliación con la vida personal es uno de los lastres del sector dentro y fuera del ámbito rural. La escasez de reconocimiento lleva a los profesionales veterinarios de salud pública a estar cada vez más agotados dentro de una profesión que es sanitaria y esencial para la salud pública. Estas son, entre otras, algunas de las situaciones que golpean cada vez más fuerte a la salud mental de estos profesionales.

Detrás de este panorama se encuentra las elevadas tasas de depresión, ansiedad, desmotivación, burnout o fatiga por compasión. En palabras de la Federación Estatal de Sindicatos Veterinarios (FESVET), “es necesario reconocer que la veterinaria es una profesión con altos niveles de exigencia, cuyo desempeño implica una elevada carga emocional y burocrática”.

Incluso cuando comienzan su andadura, dentro de las paredes de las universidades, los veterinarios tienen que lidiar con una carga mental que a veces es “desmesurada”, como explicaba David González Azcoitia, presidente del Consejo Nacional de Estudiantes de Veterinaria (CONEVET) en AnimalCare, y que todavía se mantiene como “un problema silenciado”, en palabras de Manel López Béjar, decano de Veterinaria de la Autónoma de Barcelona (UAB).

Según una investigación del Center for Disease Control and Prevention de Estados Unidos, los veterinarios tienen hasta 3,5 veces más de probabilidades de morir por suicidio que la ciudadanía en general. La situación es difícil en buena parte del mundo y, de hecho, en España un 64% de los veterinarios se siente bastante o muy estresado en su trabajo, como indicaba el estudio “Cost of Living Tracker – Wave 5”, elaborado por la consultora Kynetec, publicado el pasado mes de agosto de 2025.

Asimismo, este informe también confirma que el estrés y la precariedad están provocando una “fuga de talento”. En España, en concreto, un 17% de los veterinarios asegura que le gustaría abandonar la profesión a largo plazo, mientras que un 14% considera reducir sus horas o pasar a tiempo parcial. Aun así, un 22% muestra interés en formarse más o dedicarse a la investigación, lo que refleja un deseo de reinventarse dentro del sector.

MALA SALUD MENTAL DE LOS VETERINARIOS, UN PROBLEMA DE RAÍZ

Entre los estudiantes, si tenemos en cuenta los datos de la Universidad Autónoma de Barcelona, se confirma que un 50% ha sufrido ansiedad, depresión o estrés, un 32% padece burnout y un 10,6% ha tenido pensamientos suicidas. “Hay un impacto real”, indicaba el decano de Veterinaria del centro a este medio, y “aunque cuesta mostrarse vulnerable cuando eres tú quien cuida, necesitamos curarnos para podre curar”.

Mientras que están adquiriendo conocimientos dentro de las aulas, los estudiantes empiezan a ser conscientes de que “aquello a lo que aspiran es precisamente lo que más sufrimiento genera”, subraya Béjar. De hecho, estas cifras de depresión o ideación suicida –aunque escandalosas- “era lo que podíamos intuir”, indica. “Es un reflejo de toda la sociedad, pero no significa que no debamos actuar. Todo lo contrario: somos responsables”, puntualiza.

Son muy numerosos los factores que los estudios y, a fin de cuentas, los propios profesionales han señalado como riesgo para la salud mental de los veterinarios. “Las largas jornadas laborales, la deuda estudiantil acumulada (caso de EEUU), precariedad laboral y bajos sueldos, la carga emocional que plantea la responsabilidad de practicar eutanasias, el fácil acceso a fármacos eutanásicos entre otras”, son algunos de los motivos que enumera FESVET.

Y aunque exista una lista de motivos para esta mala salud mental de los profesionales, y las organizaciones correspondientes pongan en marcha numerosos llamamientos para dar voz a esta realidad, por ahora no se ha puesto en marcha ningún plan, programa o análisis que permita comprender la situación y ofrezca soluciones.

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