En la Unión Europea se cuenta con uno de los sistemas más exigentes en materia de seguridad alimentaria de todo el mundo basado en tres conceptos claves: corresponsabilidad de todos los agentes que participan en la cadena de valor el control de los principales parámetros que inciden sobre la inocuidad del alimento en todas las fases de la cadena productiva y la protección e información que llega al consumidor