La vacuna es una buena herramienta de control, manteniendo estimulado el sistema inmune del perro y protegiéndolo en caso de infección, aunque en zonas de riesgo, es recomendable combinar este fármaco con medidas de protección externas, como los productos repelentes (collares impregnados, lociones o pipetas) y así evitar la picadura de los flebótomos.