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UNA NUEVA HISTORIA DE LA VETERINARIA ESPAÑOLA
Joaquín Sánchez de Lollano
Prieto.
Vocal de la Asociación
Madrileña de Historia de la Veterinaria.
Hay dos citas ilustrativas a la hora de abordar el
interés por el estudio de la historia de una ciencia o de una profesión:
”Ignorar la historia es como permanecer
siendo un niño toda la vida” del autor latino Cicerón[1]
y una segunda, atribuida al poeta del s. IX
Meng Jiao, “si uno pierde su
pasado, la voluntad se derrumba con facilidad”
De
estas citas se deduce una conclusión, que a su vez es el cimiento y
argumentación de este artículo: el que no conoce su origen y
trayectoria no se aprecia a sí mismo, ni se hace valorar por los demás. Por
tanto, el estudio de la historia de las Ciencias Veterinarias, de la profesión
y de las Instituciones Veterinarias no es un mero ornamento cultural.
La
Historia de la Veterinaria Española ha tenido, y tiene, fulgurantes destellos,
cultivadores meritorios, pero como casos puntuales, que a título individual han
cultivado los aspectos históricos que han considerado de su interés. Como
contrapartida nuestra Historia de la Veterinaria carece de una escuela sólida,
formada por equipos que investiguen, enseñen y divulguen de manera rigurosa y
continuada.
La
profesión veterinaria en el marco hispánico tiene una rica y amplia historia
con apasionantes temas a la espera de un adecuado estudio. La cultura material
generada por las ciencias veterinarias y sus etapas previas tiene pendiente aún
la asignatura de su recopilación y exposición en museos y colecciones[2].
A lo anterior se une como agravante la pérdida con cada
generación profesional de prácticas, útiles, instrumentos y más
importante aún de vivencias, vivencias que los documentos no reflejan.
Sin
que se pueda cantar victoria, el momento actual muestra signos de un renovado
interés por el conocimiento de nuestros orígenes y nuestra evolución. La
Asociación Nacional de Historia de la Veterinaria y sus filiales por
Comunidades quieren impulsar con nuevos bríos el interés por la Historia
Veterinaria y la divulgación de sus contenidos. El ámbito académico ha dado
una respuesta, aunque incipiente aún, impartiendo en algunas facultades con carácter
optativo la Historia de la Veterinaria.
Estos esfuerzos reclaman el apoyo de la profesión para
no caer en un error ya cometido: el
largo paréntesis de casi medio siglo sin que se imparta la disciplina en las
facultades de Veterinaria. Unido a este vacío, se ha dado el escaso interés
por la historia profesional y su cultivo, ambos compartidos tan sólo por un
exiguo número de profesionales.
Nuestra
débil conciencia histórica del propio pasado profesional no se da en otras
profesiones sanitarias y menos aún en carreras técnicas que han desarrollado
todo tipo de investigaciones e instituciones para enriquecer de manera continua
e intensa su patrimonio histórico
Cuando
un colectivo, una profesión o una ciencia, conocen con la profundidad debida su
trayectoria se adquieren una serie de ventajas que analizaremos a continuación:
A)
Se tiene una perspectiva que permite tomar conciencia de la verdadera posición
del colectivo o de la ciencia en el momento presente. Se conocen así los
esfuerzos, o las omisiones, que han motivado la actual situación y por ello se
parte de una mejor posición para plantearse el futuro.
B)
Se refuerza la Identidad del colectivo profesional que puede compartir a través
de un mejor conocimiento de su historia ese orgullo sano por un patrimonio histórico
enriquecido. Se incluye en este patrimonio todo aquello que nos identifica como
veterinarios: nuestros rituales, nuestras grandes figuras y las
otras más entrañables, nuestros distintivos y emblemas, nuestras
tradiciones, etc.
Vista
la justificación y utilidad de la historia de nuestra profesión surgen dos
preguntas: ¿Qué tipo de historia necesita la Veterinaria Española? Y ¿Por qué
es en este crítico momento cuando se retoma la historia?
En
cuanto al tipo de historia que necesita la profesión veterinaria resulta obvio
que si la propia investigación histórica ha evolucionado en sus objetivos y métodos
nuestra historia deberá adaptarse a las nuevas aportaciones que vienen desde la
historiografía. Este otro tipo de historia veterinaria, esta Nueva Historia
de la Veterinaria en España, seguiría en definitiva los cambios que la
propia manera de investigar y escribir la historia (la Historiografía) ha ido
experimentando como ciencia social.
El
modelo de historia-relato cronológico, expuesto con elegancia literaria,
centrado en la enumeración de fechas y la descripción de los hechos y gestas
de los líderes político-militares y de los personajes mas relevantes, etc,
llamado Historia historizante o de la Escuela Alemana de Von Ranke, (1795 -1886)
es un paradigma historiográfico superado. La sociedad ha exigido más a la
historia, se quiere saber qué condicionantes económicos y sociales motivaron
los acontecimientos históricos, cuáles eran los sentimientos, las vivencias
del hombre en el pasado, por qué la historia y los acontecimientos han sido así
y no de otra manera. Cada uno de estos enfoques historiográficos se ha plasmado
en las sucesivas escuelas y tendencias historiográficas surgidas: el Materialismo
Histórico de Marx (1818-1883), la escuela francesa de Annales con su especial énfasis en los aspectos económico-sociales,
la Historia Cuantitativa y la Cliometría
americana en las que prima el dato, la estadística y la cuantificación.
En
otro orden se han introducido cambios historiográficos profundos fruto de la
influencia del estructuralismo y demás corrientes del pensamiento sobre
diversas tendencias y escuelas historiográficas. Entre las otras tendencias se
han desarrollado corrientes historiográficas como la Historia
Cultural y Psicosocial, la Historia de
las Mentalidades y la Microhistoria
de Carlo Ginzburg, etc.[3]
Una Nueva Historia
Veterinaria en España, historia que contemple estos diferentes enfoques, ha de
ser sustancialmente diferente a la realizada hasta ahora. No basta con las
biografías de los “Notables de la Veterinaria” aunque siempre sean de interés.
En la actual situación deberían primar los enfoques más amplios y de claro
contenido socioeconómico. Se trata de escribir la historia no de la veterinaria
sino la “historia de los veterinarios” y sus figuras precedentes. Analizar y
conocer su número, procedencia y motivaciones, su economía, su imagen social y
los cometidos desempeñados, sus respuestas ante situaciones de crisis. Un largo
etcétera que requiere una amplia y paciente búsqueda de datos y materiales en
archivos, colecciones, excavaciones y cuantas fuentes aporten datos de interés
histórico.
Hay
otro cambio más que debe experimentar la historia veterinaria. La profesión es
más “veterinaria” que nunca. Este pleno sentido femenino en cuanto a
denominación y en cuanto a la composición del colectivo profesional es la
consecuencia de una tendencia evidente: la consolidación y el incremento de la
presencia de la mujer en nuestra profesión. Esta situación obliga a considerar
la nueva historia veterinaria desde otro enfoque. Hasta ahora se ha dado una
historia veterinaria escrita por hombres y bajo una visión masculina. Se deberá
estimular los estudios que revisen la incorporación de la mujer a la
veterinaria, su diferente visión, sus aportaciones. En definitiva, evaluar cómo
puede renovar la incorporación de la mujer un discurso histórico y laboral de
siglos. No proponemos una Historia Veterinaria de género (feminista) y
excluyente, esto sería cambiar un exclusivismo por otro, sino reconstruir la
visión de la profesión a partir de la actual situación. Una visión más
amplia, más rica en la que se parta de una sociedad y un mundo laboral doble.
Con
respecto a la segunda cuestión (porqué se retoma en estos momentos la historia
de la veterinaria) conviene antes hacer dos observaciones. Toda historia se escribe por algo, la historia analiza
el pasado en clave del presente. En otras palabras, la historia es consecuencia
de los problemas que acucian al
hombre y le obligan a mirar sobre sus pasos. Por otro lado la historia no solo
está condicionada por ese presente sino por el propio historiador; como se ha
afirmado por diversos autores no hay historia inocente, todo relato histórico
se escribe por algo y desde los condicionantes y experiencias vividas por el que
escribe esa historia.
Por tanto, si
retomamos lo expuesto en las consideraciones enumeradas en la introducción del
presente artículo casi por sí solas arrojan la respuesta a la pregunta
planteada. Si enumeramos las ventajas que aporta el conocimiento de nuestra
historia (expuestas al comienzo del artículo) y se contraponen a los problemas
actuales de la profesión (o lo que es lo mismo sus incertidumbres futuras)
surgen rápidamente asociaciones inevitables. ¿No sería necesario reforzar la
identidad profesional, científica e institucional en la actual situación en la
que se diluyen los cometidos clásicos veterinarios con otras carreras, en la
que la interdisciplinariedad obliga a otras ciencias a introducirse y compartir
el ámbito veterinario?
Nos hallamos en una
situación de fragmentación profesional que se suma a otras fragmentaciones
como la social y la política. Visiones y conceptos hasta ahora consolidados se
tambalean: las actuales modificaciones sociopolíticas llevan a los sistemas
estatales a una creciente descentralización y delegan buena parte de sus tareas
de control en otros agentes. Por otro lado la nueva estructura social demanda
formas más versátiles y eficaces de organización y respuesta profesionales, más
allá del corporativismo.
En
este horizonte cambiante se superponen otras peculiaridades de la actual situación:
nos hallamos ante una sociedad dicotómica donde se dan por un lado fenómenos
globalizadores, unificadores, que aminoran distancias y diferencias (con la
consiguiente pérdida de identidad) y por otro se observa un interés inusitado
por lo local, lo propio, lo diferente.
En
conclusión, la Veterinaria se halla ante una situación de cambio, de inflexión,
de pérdida de roles y de incertidumbre ante esos cambios. Se observa una
indefinición en cuanto a objetivos y estrategias a seguir. Por ello ahora se
retoma nuestra historia porque es necesario reforzar la identidad veterinaria a
todos los niveles.
La
situación actual si bien no se puede denominar como “crisis” en la profesión
sí se puede calificar de cierta falta de empuje, la llamada crisis de las
grandes figuras, de los “motores“ de una profesión. Esta falta no es tan
grave para muchos que consideran que el terreno se gana como suma de pequeños
esfuerzos de toda una profesión. Para otros sin embargo, esta falta de
liderazgo se traduce en una sensación de desaliento, de vacío.
Si
hay una consecuencia clara que arroja la historia profesional es que una
estrategia segura para afianzar
cualquier profesión consiste en reforzar la ética y la eficacia profesional.
De ahí que ciertas generaciones de veterinarios en las que se suma el
desconocimiento a la desvinculación de su propio pasado ignoren cómo el
actual status del veterinario ha sido la resultante de una tenaz lucha
centímetro a centímetro en cada una de las competencias de la profesión.
Con
lo expuesto hasta aquí no queremos apurar nuestros argumentos. Un conocimiento
mayor, más profundo, de nuestra evolución histórica no va a resolver nuestra
situación laboral o nuestros problemas de desarrollo técnico o científico.
Sin embargo, sí resultará de gran ayuda al plantearnos decisiones respecto al
futuro. Aquí radica la validez del conocimiento histórico y de la perspectiva
que se obtiene. Basten dos ejemplos, dominar esta perspectiva histórica nos
obligará a reconsiderar la valoración que la sociedad ha dado a nuestros
cometidos y a nuestra imagen a lo largo del tiempo. En segundo lugar conocer las
acciones emprendidas por nuestro colectivo profesional en el pasado y la
eficacia de las mismas, nos permitirá plantearnos los nuevos campos y
estrategias a desarrollar no ciñéndonos a la nuclear medicina veterinaria.
Como última reflexión la nueva historia veterinaria debería asumir una
faceta a mi juicio tan importante como las descritas hasta aquí. Esta faceta es
el “entusiasmo”. Entusiasmo por
la profesión, por su enorme componente vocacional y por sus cometidos de interés
social (salud animal, salud de la sociedad en definitiva). Este contagio a los
demás (profesionales, estudiantes o a la sociedad en general) del orgullo por
la profesión consideramos que ha de ser fundamental. Este entusiasmo debe
impregnar también la investigación y la docencia de la Historia Veterinaria.
Se ha de divulgar por tanto esa Nueva Historia de un modo atrayente, que
transmita y acreciente ese entusiasmo por la profesión. La profesión
veterinaria, sufrida y vocacional, profesión que resiste el parangón con otras
mucho mejor consideradas socialmente, requiere un relato histórico que resalte
todo lo positivo y altruista que hay en su vocación. Pero con cuidado de no
caer en la idealización o la deformación de los hechos históricos.
Resulta prometedor comprobar cómo se convocan con asiduidad jornadas de
Historia de la Veterinaria, cómo se amplía la nómina de obras de Historia de
Veterinaria y la de los veterinarios que la cultivan. Conviene desterrar el tópico
tan extendido acerca de ”los pocos veterinarios, veteranos” que se dedican
con espíritu diletante a escribir “sus historietas”. Se puede comprobar que
junto a estos veteranos que nos aportan sus experiencias se mueve ya un plantel
de veterinarios y cultivadores más jóvenes que comparten con ellos ese
entusiasmo profesional. Como exponente de este nuevo ímpetu por la Historia
Veterinaria surgen atisbos de líneas de especialización: grupos centrados en
la Albeitería y Edad Moderna, primeros pasos de las Escuelas del s. XVIII -XIX,
la Veterinaria en el siglo XX, Veterinaria en el exilio y posguerra, la mujer en
la Veterinaria, etc. Toda una gama que ofrece a aquellos que se interesen por
nuestra historia un atrayente abanico de posibilidades cada día más
desgranadas.
Es de esperar que la conjunción de
los apoyos desde los frentes abiertos: asociaciones de Historia de la
Veterinaria, ámbito profesional, a través de la Organización Colegial, y académico,
fragüe en una recuperación rápida de este vacío en nuestra memoria
colectiva.
[1] Cicerón, en Historia
de la Literatura Clásica, vol. II. Literatura Latina, Madrid, Gredos,
1989, p.264.
[2]
Sirva de embrión y estímulo el esfuerzo realizado por el Museo de
Veterinaria Militar, en Madrid. Centro Militar de Veterinaria, c / Darío
Gazapo 3, 28024. MORENO5@terra.es
[3] Sobre la evolución de la historiografía véanse
las obras de Dosse, F., La historia en migajas. De Annales a la nueva historia, Valencia,
Instituto Valenciano de Estudios e Investigación, 1988 y
Moradiellos, E. Las caras de Clío. Introducción
a la Historia y a la Historiografía , Oviedo , Universidad de Oviedo,
1992.